Visión
Visión de Juan Farrán
A quienes tienen en sus manos la responsabilidad de dirigir se les quiere ofrecer la posibilidad de ampliar capacidades y renovar actitudes.
La capacidad de gestión y de adoptar decisiones que hacen mejorar el negocio es algo que no se improvisa. Es algo que exige preparación, práctica, experiencia, competencia, una formación muy actualizada. Exige también un tiempo y un medio oportuno.
Las actitudes frente a los nuevos retos, las nuevas tecnologías, la globalización. La nueva economía, permanentemente cambiante, exige, por su parte, una renovación de enfoques, de maneras de ver y afrontar los desafíos, anticipándose a los competidores.
Hay que sumar esfuerzos para hacer posible una formación sólida, renovadora y capaz de desarrollar el talento disponible, que es lo que realmente importa para que las organizaciones funcionen a pleno rendimiento. Y una iniciativa de estas características merece una mirada atenta, para no dejar pasar oportunidades, porque una verdadera formación no es un adorno decorativo. La formación verdadera nos hace sobre todo más personas, además de hacernos más competentes y eficaces.
Visión de Rafael Termes
Cuanto más formación se tiene, más se aprecia la necesidad de mejorarla. Pero la formación que los empresarios, al igual que otros profesionales, necesitan es una formación de calidad. Y una formación de calidad no se improvisa. Requiere, en primer lugar, el propósito de dedicar tiempo y esfuerzo a lograrla. Requiere también un programa formativo para la excelencia, en el que, partiendo de la experiencia acumulada en la realización de la propia actividad, se ejerciten las capacidades necesarias para, ante las distintas situaciones de la empresa y del entorno en el que la empresa ha de moverse, tomar las decisiones adecuadas y gobernar la acción conducente a su implantación, controlando en todo momento los resultados.
Aunque este programa puede desarrollarse en el puesto de trabajo, la conveniencia de ganar tiempo para hacer frente al entorno competitivo, rápidamente cambiante, aconseja buscar la manera de realizarlo alejándose momentáneamente del día a día, para centrarse, durante un determinado período, en el estudio, la reflexión y el intercambio de conocimientos y habilidades con otros colegas empeñados en el mismo propósito.
Por otra parte, un programa de perfeccionamiento de las capacidades
directivas, si ha de dar frutos verdaderos y duraderos, ha de tender a
la formación integral, sin olvidar los aspectos humanos y éticos, ya que
el directivo, sólo mejorando como persona, logrará que la competencia y
la eficiencia profesional redunden en el buen funcionamiento de la
organización empresarial, que, no se olvide, es ante todo una comunidad
de personas.
