Historia del IAD
El impulso inicial de Empresa&Humanidades
El foro de debate empresarial y formativo que impulsa el nacimiento del IAD es la Asociación Empresa&Humanidades, a la que se vinculan empresarios y directivos que comprenden la necesidad de trabajar basándose en los valores humanos más altos y que desean intercambiar ideas y experiencias sobre el factor humano de la actividad empresarial.
Entre las diversas actividades que Empresa&Humanidades realiza para sus miembros y simpatizantes, destacan las
diversas jornadas para empresarios que, desde 1998, ha llevado a cabo y en las que han tomado parte numerosas figuras del ámbito empresarial, universitario y de escuelas de negocios: Jordi Cervós (UIC), Juan Farrán (IESE), Josep Mª Pujol (Ficosa Internacional), Rafael Termes (Banco Popular), Josep Gomis (Generalitat de Catalunya), Felipe Prósper (IDOM), Joan Roure (IESE), Jaume Llopis (IESE), Enrique Alcat (PricewaterhouseCoopers), Pablo Cardona (IESE), Alberto Almansa (Cap Gemini Ernst & Young),
Francisco Martín Frías (MRW), Joan Fontrodona (IESE), Manuel Velilla
(IESE), Nuria Chinchilla (IESE), Guido Stein (Universidad de Navarra),
Rafael Andreu (IESE), Rafael Alvira (Universidad de Navarra), Antonio González Barros
(Grupo Intercom), Daniel Peña (Pay Pal), Antonio Robert (eBay),
Montserrat Peñarroya (Gea Marketing), Carlos Cavallé (IESE), Jesús
Correa (emagister.com), Luis Alberto Hermoso (Azucarera Ebro), Domènec
Melé (IESE), entre otros.
Una iniciativa en busca de la excelencia en los orígenes de la Fundación
El IAD surge de la inquietud compartida por empresarios y directivos, que quieren mejorar su propia formación y la de sus iguales, que ven imprescindible renovar sus estilos de dirección, profesionalidad, capacidad de impulsar a sus equipos. Entienden que para los directivos es vital asimilar nuevos conocimientos, habilidades directivas y aspiraciones.
Con motivo del nacimiento del IAD, Rafael Termes escribió: La formación que los empresarios, al igual que otros profesionales, necesitan es una formación de calidad. Y una formación de calidad no se improvisa. Requiere, en primer lugar, el propósito de dedicar tiempo y esfuerzo a lograrla. Requiere también un programa formativo para la excelencia.
Aunque este programa puede desarrollarse en el puesto de trabajo, la conveniencia de ganar tiempo para hacer frente al entorno competitivo, rápidamente cambiante, aconseja buscar la manera de realizarlo alejándose momentáneamente del día a día, para centrarse, durante un determinado período, en el estudio, la reflexión y el intercambio de conocimientos y habilidades con otros colegas empeñados en el mismo propósito.
